La victoria de Donald Trump y la psicología detrás de las redes sociales

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La mayoría de nosotros utilizamos las redes sociales habitualmente, no sólo para compartir fotos y comentarios, sino que gran parte del consumo de los usuarios está relacionada con las noticias y la información. Se estima que dos tercios de los estadounidenses usan Facebook para informarse, pero ¿cuánto se parece nuestro muro de Facebook a la realidad?

Las redes sociales utilizan algoritmos para funcionar y mostrarnos la información que finalmente vemos en nuestras aplicaciones. El algoritmo de Facebook se basa fundamentalmente en las acciones del usuario, es decir, aprende si preferimos fotos o videos, con qué personas o páginas tenemos más interacción, a qué tipo de publicaciones le damos a “me gusta”, y en base a esa información nos organiza el contenido del muro. Pero, en definitiva, las fuentes de esa información son nuestros “amigos” de Facebook y las páginas que seguimos. De hecho, se dice que “cada uno tiene la red social que se merece” justamente aludiendo a que somos nosotros los que elegimos a quién seguir.

Hace poco hablamos en un post sobre el efecto del falso consenso y de qué manera modifica nuestro modo de entender la realidad. Este sesgo nos lleva a pensar (erróneamente) que nuestras opiniones son compartidas por el resto de la gente, y las redes sociales y sus algoritmos están facilitando caer en ese error.

Por ejemplo, durante las elecciones de Estados Unidos, había mucho revuelo con el éxito que estaba teniendo Donald Trump a pesar de no ser político y de llevar adelante una campaña muy agresiva. Tanto mi Facebook como mi Twitter estaban llenos de noticias sobre este tema, la mayoría en contra de la línea seguida por Trump. Durante meses leí artículos en su contra, sobre la dificultad que tendría para cumplir sus promesas y la incredulidad sobre su posible victoria en las elecciones. Sin embargo, el 9 de noviembre de 2016 me desperté con la noticia de que Donald Trump había sido elegido presidente.102002782-facebook-large_trans_nvbqzqnjv4bqhasgumir-rxirxu9qbovlqpcdfsc-serm-lm2nz7xja

Lo primero que pensé fue, ¿cómo es posible, si hace meses que llevo leyendo y viendo videos de gente en su contra? Luego me di cuenta de que había caído completamente en el sesgo del falso consenso, y tanto Facebook como Twitter habían contribuido a ello.

Para empezar, este sesgo se puede producir debido a muchas causas, pero una de las más importantes y comunes es la falta de información. Lo más común es que busquemos líneas de información afines a nuestros valores y creencias, sin considerar aquellas que son opuestas. Por ejemplo, una persona con hábitos específicos y de una determinada ideología política, se informará a través de los medios que refuerzan esas ideas, y tenderá a relacionarse con personas que las comparten y apoyan. Buscamos un ambiente cómodo e idóneo, que no contradiga nuestras creencias.

Ahora traslademos esto que sabemos a las redes sociales. Evidentemente, mis amigos de Facebook y las páginas que sigo tienen una línea de pensamiento similar a la mía, por lo tanto el algoritmo que maneja mi muro, en su objetivo de mantenerme la mayor parte del tiempo viendo Facebook, me mostrará noticias e información que vayan a reforzar mi ideología. La mayoría del contenido seguirá mi línea de pensamiento y muy poco irá en su contra, por lo tanto tendré la ilusión de que todo el mundo piensa de manera similar a la mía, cayendo inevitablemente en el sesgo del falso consenso.

Citando al guionista José A. Pérez Ledo en un magnífico artículo sobre este tema “no quiero precipitarme en mi análisis, pero existe la posibilidad de que esté yo encerrado en una burbuja de pura reafirmación digital, un club de pensamiento único y palmaditas virtuales en el hombro”.

Por más que a veces sea doloroso (e indignante), a veces es sano salir de nuestra burbuja, para conectar realmente con la realidad y no sentirnos el ombligo del mundo.

Autor: Santigo Salvatori


Fuentes:

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