La ilusión de sentirnos moralmente superiores a los demás

Sí, no mires para otro lado, que esto nos pasa a todos. Basta hacer una pequeña búsqueda en las noticias de Goolge o, si queremos ser todavía más claros, buscar en twitter  y vamos a descubrir como no es tan descabellado el título del artículo. Queramos verlo o no, nos sentimos más honrados que los demás.

La tendencia del ser humano a sentirse por encima de la media es un fenómeno varias veces demostrado en psicología. Muchos experimentos lo demostraron por ejemplo en la habilidad para conducir o en el atractivo, pero aplicado a la moral su efecto es más fuerte que en otros aspectos.

Los seres humanos hacemos muchas asunciones sobre nuestras capacidades, algunas más acertadas que otras. Tiene sentido hacerlas cuando disponemos de datos objetivos que lo prueban, por ejemplo si Usain Bolt se siente el hombre más rápido del mundo tendría razón porque existen pruebas objetivas que así lo demuestran. Otra posibilidad es cuando sabes que tienes un rasgo que destaca, sin ninguna razón para pensar que debe ser típico de los demás. Por ejemplo si un día descubro que soy muy bueno identificando cuando los niños tienen sueño, tiene sentido que asuma que no todo el mundo va a tener esa capacidad. Pero existen contextos en los que no tiene sentido asumir que nuestras habilidades están fuera de lo común. Por ejemplo pensemos que soy mucho más tierno con los perros que con los gusanos. Sin un test que mida objetivamente mi nivel de “ternura con perros” que pruebe que soy objetivamente superior en este campo, sabiendo que las personas normalmente prefieren los mamíferos a los insectos, asumir que soy especial en este área sería irracional. Tiene más sentido que piense que al igual que yo puedo hacerlo, el resto de personas también puede. Esta asunción se conoce como “proyección social”.cover-how-to-manage-moral-dilemmas-at-work

En un estudio Ben Tappin y Ryan McKay de la Universidad de Londres, intentaron descubrir si realmente vemos nuestras virtudes morales como algo especial, o si por el contrario realizamos una proyección social y asumimos que es similar a la de los demás. A los 270 participantes se les pidió que evaluaran 30 rasgos primero en ellos mismos y luego en las personas promedio. Además debían indicar el grado de deseabilidad de cada rasgo, es decir si es un rasgo que esta bien visto por los demás o no. Un tercio de los rasgos a evaluar eran morales (honestidad, principios, etc), otro tercio eran sociales (afectuosidad, orientación hacia la familia, etc), y por último un tercio acciones (trabajo duro, competencia, etc). Los investigadores luego evaluaban cuan similar era cada sujeto al resto de los participantes en cada uno de estos rasgos. La hipótesis lógica sería pensar que los participantes, realizando una proyección social, se asignaron en cada uno de los rasgos valores similares a los que indicaron que tienen las personas promedio.

Los resultados indicaron que en la mayoría de los casos, ocurría la proyección, acertando con sus puntuaciones hacia los demás. Pero en los rasgos morales, los participantes deberían haber proyectado mucho más de lo que hicieron. Por el contrario sus puntuaciones se vieron influenciadas por la deseabilidad de los rasgos sociales, así por ejemplo en los rasgos más valiosos como integridad, se evaluaban a sí mismos con un 6.1, pero solo con un 4,3 a los demás. En rasgos de otras categorías que también habían sido definidos como valiosos, lo participantes no inflaban tanto sus puntuaciones. Según los investigadores este fenómeno se produce porque mientras continuamente estamos racionalizando nuestras propias acciones y motivaciones, no estamos al tanto de la motivación de otras personas.

En resumen, parece que somos especialmente propensos a vernos como moralmente superiores. Como vimos al principio, a veces las diferencias que tenemos respecto a los demás están justificadas sobre datos objetivos o racionales, sin embargo cuando hablamos de moral estamos más influenciados por nuestro deseo de ser de una cierta forma. Un poco como sucede con nuestro “yo” de los perfiles de las redes sociales y nuestro “yo” real.

Autor: Santiago Salvatori


Fuentes:

 

 

 

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